Mittwoch, 9. Februar 2011

Amanecer en Hangzhou

Tomado del libro: ENCUENTROS, de Rafael Marcelo Arteaga, Gaya Editorial, primera edición 2009, México City.





Estoy escapando de un mundo
que no pudo detenerme
y me vio partir,
como la novia de mi juventud
que  estuvo siempre a mi lado
-sin percatarme,
hasta saber de su existencia
cuando la vi feliz en brazos de su amante.

Y aún aquí, mientras voy por las valijas,
me sigue la sombra de mi madre 
-que es mi prisión, 
la casa de tierra,
donde fui un espectador de mi caída
y necesite ser hábil para huir de allí,
comprar un ticket de avión
y en pleno vuelo darme cuenta
de que algo se perdió, 
-no sé si los otros sienten igual-,
algo que nuestros hijos ignoran,
pero que sigue latente en las distancias,
hasta volverse en un karma,
y es esa constante desolación
que, cuando la nave toca tierra,
pesa más que nuestros huesos
con todo su equipaje.

Y como un prisionero cuenta las horas
que le faltan para ser libre,
y antes de ir a dormir traza una x
en la pared por cada día vivido,
y despierta con asombro a la mañana siguiente,
mirando el sol en el patio del vecino,
que es libre y puede amar a su mujer,
así espero yo la ocasión de escapar de ella.

El oficial me entrega el pasaporte.
Yo respiro con alivio. Tomo mis pertenencias,
y vuelvo a mirar al avión, listo para otro viaje,
al cálido sol de la mañana en los cristales
–aunque la tripulación haya informado
de bajas temperaturas afuera;
busco las puertas de salida y sé
que la nostalgia de hoy
será también la nostalgia del futuro,
igual que el aceite o el diesel para los motores.

 












Walking around the English Park, at West Lake, in Hangzhou.

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